26 de noviembre de 2008

¿O me equivoco?

¿Apático?, ¿Indiferente?, ¿Desinteresado? ¿Mal informado? ¿Conformista? ¿Sin criterio? ¿Joven mexicano?
¿Exagerado?, ¿Infundado?, ¿Absurdo?; no lo creo, tengo 21 años y lo veo a diario. Es la triste realidad de una generación con potencial infinito, que sueña con un cambio pero descansa en la apatía.
Y 40 años después nos preguntamos qué fue de ese grupo de jóvenes mexicanos que algún día se desvivió por llegar a ver un México diferente, un México donde aún existía la esperanza por conseguir igualdad, justicia, dignidad y democracia, un México donde la educación y la cultura serían la llave para el éxito de la nación, un México donde el periodismo y los medios de comunicación actuarían de manera imparcial y objetiva, un México en el que la voz de cada uno de sus ciudadanos sería escuchada y su voto respetado sin importar de que clase social proviniera, es decir un México completamente diferente al que a mí y a mí generación nos tocó vivir. Los que somos miembros de las llamadas “Generación X y la Generación Y” en México nacimos y crecimos durante nuestros primeros años de vida en medio de la total incertidumbre nacional desde la crisis económica de 1982 pasando por el fraude electoral del ’88 hasta llegar al levantamiento del EZLN, el asesinato de Luis Donaldo Colosio así como la devaluación de la moneda nacional y la caída de la economía en el año de 1994, es decir, por éstas y muchas otras razones desde que tenemos memoria hemos vivido en el México que no progresa, el país que no trasciende, el país que se endeuda, el país del FOBAPROA, el país de los Salinas, el país de los Roberto Hernández, el país de los Carlos Cabal Peniche, el país de los Diego Fernández de Cevallos, el país de los Fox, el país de los Bribiesca, el país de los Slim, el país de la corrupción, el país del tráfico de influencias, el país del compadrazgo, el país donde con dinero baila el perro, el país en el que como diría una persona muy respetable se privatizan las ganancias pero se socializan las pérdidas.
Y la pregunta de ahora es ¿Quién tiene la culpa de que nuestra generación, conociendo la oscura más sin embargo remediable realidad en la que vivimos no se interese por cambiar la situación? ¿Nuestros padres? ¿La generación llamada a cambiar el mundo que fue reprimida por sus ideales y que mejor optó por el “peace & love”, la música disco, el Studio 54 y bailar como Travolta y Newton-John? ¿Los medios de comunicación y sus protagonistas? ¿MTV, CNN, López-Dóriga, Alatorre, Lucerito, Adal Ramones, Oprah, Facebook, YouTube, Myspace? ¿La esfera cultural en la que vivimos, la que nos convirtió en la generación del Ipod? ¿El antro, el cigarro, el alcohol, el sexo, Vogue, Cosmopolitan, los fresas, los nacos, los emos, los que madrean emos?
A decir verdad todos estos y muchos más factores contribuyen para el desarrollo y propagación de la cultura de cero concientización de la juventud hacia la situación actual de nuestro país.
En tiempos en los que la vida “modelo” para un joven es tener coche, computadora, televisión, ropa de marca, Iphone y dinero para salir el fin de semana al antro, no hay por qué preocuparse si hay casi 50 millones de pobres en México de los cuales 19 millones viven en pobreza alimentaria o si en los 2 años de gestión de Felipe Calderón se han contabilizado más de 7000 mil ejecuciones relacionadas con el crimen organizado o que si las elecciones de 2006 fueron sospechablemente fraudulentas, o que si el peso se ha devaluado frente al dólar casi un 40% en el último trimestre del año, o mejor aún, si simplemente nos detuviéramos un poco y nos saliéramos por al menos un par de minutos al día de la rutina de nuestra vida material y banal, y razonáramos en como nuestras acciones por muy pequeñas que son afectan el comportamiento y la funcionalidad de la sociedad, entonces México sería un país diferente y tal vez mejor.
Es inevitable pensar que el verdadero cambio es imposible e inalcanzable, una utopía, que la concepción general es que si el gobierno es corrupto la sociedad por añadidura también lo es, que si a las personas de mi entorno familiar y social les vale madre lo que pasa en el mundo a mi también, que si nadie hace nada por cambiar mi país yo tampoco, pero no es así, no debe ser así. Es momento de cambiar, cambiar nuestra manera de actuar, de pensar, de ver y de soñar. No juzguemos un mundo al que no tratamos de cambiar, cambiémoslo para que los que vienen lo puedan juzgar.
Este es el México en el que nos toco nacer, por responsabilidad patriótica, histórica y social no debe ser en el que vayamos a morir.

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